Hace un tiempo, en un barrio de Granada, el Albaicín, vivía
un niño llamado Juan que tenía 7 años. Vivía junto con sus papás en una casa
grande y a Juan le gustaban mucho, mucho, mucho los animales, en concreto, los
perros.
Juan no hacía más que pedir a sus padres el poder
tener una mascota para jugar, cuidarla y ser su amigo. Sus papás no querían
porque trabajaban todo el día y no podían cuidarla, y además pensaban que Juan
no sería responsable del animal. Juan no paraba de pedirla, quería sobre todo,
un perrito y siempre se lo negaban.
Una tarde salieron toda la familia a dar un paseo y a
jugar en un parque cercano a su casa. Juan jugaba con otros niños a la pelota,
al pilla-pilla, al escondite y a muchos otros juegos muy divertidos, pero
cuando veía a otros niños pasear a sus perritos y jugar con ellos, Juan se ponía
muy triste. Sus padres lo sabían y también se ponían tristes.
Llegó la hora de irse a casa y cuando salían del
parque vieron a un perrito que estaba solo a la salida del recinto. El perrito parecía
no tener dueño porque no tenía correa ni collar y estaba un poco sucio y
abandonado. El animalito, en cuanto vio a Juan ,se le acercó y empezó a jugar con
sus pies. Juan se agachó y acarició al animal que se tumbó panza arriba con ganas
de jugar. Juan miró a sus padres que observaban la reacción del animal con el
niño y el cariño con el que se hijo lo trataba. Con la mirada Juan pedía a sus
padres poder llevarse el perrito a casa.
Como los padres no decían nada Juan pidió que se llevaran
al animal a casa porque tenía hambre y hacía frío. Sus padres le dijeron que a
lo mejor tenía dueño y que lo estarían buscando. Pero no fue así porque llevaron
al perrito al veterinario y comprobaron que no tenía chip y por lo tanto no tenía
dueño.
Los padres de Juan preguntaron al niño si iba a
cuidarlo y a quererlo porque a los animales no se les abandona y Juan muy
contento dijo que sí. Los papás de Juan aceptaron llevarse al perrito a casa y
que formara parte de la familia.
Llegaron a casa, bañaron al perrito y le dieron de
comer. Se puso muy contento y después entre los tres pusieron nombre al animal.
Lo llamaron Orejitas porque tenía unas orejas muy largas.
Orejitas fue feliz en esa casa y Juan, por fin, tuvo
su mascota. La cuidó siempre y la familia aumentó y ya no fueron tres sino
cuatro.
Y así
acaba la feliz historia de Juan y su perrito, todos contentos y unidos.
Además de este cuento he realizado otros dos. Uno es un cuento maravilloso sobre príncipes y princesas con un final muy feliz y el otro es un cuento libre sobre una brujita buena con la que los niños no querían jugar.