martes, 10 de julio de 2012

CUENTO: LA MASCOTA DE JUAN


Hace un tiempo, en un barrio de Granada, el Albaicín, vivía un niño llamado Juan que tenía 7 años. Vivía junto con sus papás en una casa grande y a Juan le gustaban mucho, mucho, mucho los animales, en concreto, los perros.
Juan no hacía más que pedir a sus padres el poder tener una mascota para jugar, cuidarla y ser su amigo. Sus papás no querían porque trabajaban todo el día y no podían cuidarla, y además pensaban que Juan no sería responsable del animal. Juan no paraba de pedirla, quería sobre todo, un perrito y siempre se lo negaban.
Una tarde salieron toda la familia a dar un paseo y a jugar en un parque cercano a su casa. Juan jugaba con otros niños a la pelota, al pilla-pilla, al escondite y a muchos otros juegos muy divertidos, pero cuando veía a otros niños pasear a sus perritos y jugar con ellos, Juan se ponía muy triste. Sus padres lo sabían y también se ponían tristes.
Llegó la hora de irse a casa y cuando salían del parque vieron a un perrito que estaba solo a la salida del recinto. El perrito parecía no tener dueño porque no tenía correa ni collar y estaba un poco sucio y abandonado. El animalito, en cuanto vio a Juan ,se le acercó y empezó a jugar con sus pies. Juan se agachó y acarició al animal que se tumbó panza arriba con ganas de jugar. Juan miró a sus padres que observaban la reacción del animal con el niño y el cariño con el que se hijo lo trataba. Con la mirada Juan pedía a sus padres poder llevarse el perrito a casa.
Como los padres no decían nada Juan pidió que se llevaran al animal a casa porque tenía hambre y hacía frío. Sus padres le dijeron que a lo mejor tenía dueño y que lo estarían buscando. Pero no fue así porque llevaron al perrito al veterinario y comprobaron que no tenía chip y por lo tanto no tenía dueño.
Los padres de Juan preguntaron al niño si iba a cuidarlo y a quererlo porque a los animales no se les abandona y Juan muy contento dijo que sí. Los papás de Juan aceptaron llevarse al perrito a casa y que formara parte de la familia.
Llegaron a casa, bañaron al perrito y le dieron de comer. Se puso muy contento y después entre los tres pusieron nombre al animal. Lo llamaron Orejitas porque tenía unas orejas muy largas.
Orejitas fue feliz en esa casa y Juan, por fin, tuvo su mascota. La cuidó siempre y la familia aumentó y ya no fueron tres sino cuatro.
Y así acaba la feliz historia de Juan y su perrito, todos contentos y unidos.


Además de este cuento he realizado otros dos. Uno es un cuento maravilloso sobre príncipes y princesas con un final muy feliz y el otro es un cuento libre sobre una brujita buena con la que los niños no querían jugar.